La transformación digital no va de hacer lo mismo de un mejor modo sino de rediseñar la propuesta de valor y la barrera en el sector legal no va de tecnología sino de cultura.

La transformación digital es el proceso de cambiar la forma en que un despacho aprovecha la tecnología, las personas y los procesos para mejorar la satisfacción del cliente y su propia rentabilidad. Esta transformación afecta a todos los elementos del modelo de negocio.

En los últimos años hemos visto surgir nuevos modelos de negocio en muchas industrias. Es un fenómeno que se está acelerando, con un desarrollo de la tecnología exponencial.

Industrias como la banca, la logística, la prensa, el entretenimiento, las agencias de viaje, y también sectores de servicios profesionales como la medicina o la educación, han modificado el modo en que creaban valor, para dar más al cliente, mejores experiencias, de un modo más accesible y rompiendo los límites entre sectores.

Esto también está sucediendo en el sector legal, pero más despacio.

Sin embargo, a pesar de que el informe State of the UK Legal Market 2021 de The Thomson Reuters encontró que el 74% de los socios de capital de las principales firmas del Reino Unido creen que deberían invertir más en tecnología, el sector todavía está muy verde.

Nuestro sector, salvo excepciones, sigue siendo visto como uno de los últimos bastiones de la antiinnovación.

¿Por qué la abogacía, a pesar de las lapidarias predicciones de Richard Susskind, es tan lenta en abrazar el cambio?

Los abogados nos enfrentamos a un desafío cultural: debemos adquirir un nuevo conjunto de habilidades, dejar de hacer lo que siempre hemos hecho y adoptar una mentalidad más parecida a la de los innovadores que abordan la resolución de problemas desde un ángulo diferente, aceptando el riesgo como parte del proceso.

Esto es anti-intuitivo porque en la abogacía se sigue ganado muchísimo dinero haciendo “lo que siempre se ha hecho”.

Seguir haciendo “lo que siempre se ha hecho” funciona muy bien aún para aquellos pocos que hacen un trabajo singular y complejo. Tan singular y complejo que tienen muy poca competencia. Son los que sienten menos presión en los precios.

Pero para todos los demás, para la gran mayoría de los profesionales de la abogacía, la era digital ya ha eliminado los límites protectores de nuestro coto de caza. Están surgiendo cada vez más amenazas a la rentabilidad de las firmas.

Hoy en día nadie niega públicamente la necesidad de incorporar tecnología a la industria legal, pero hasta la innovación más disruptiva es irrelevante si los abogados rechazamos usarla.

El cambio implica un presupuesto económico, pero la inversión más importante es la del cambio para que las personas adquiramos las nuevas habilidades necesarias y adoptemos la actitud de optimismo, flexibilidad y curiosidad para aprovecharla.

Implica que reformulemos nuestra propuesta de valor centrados en el cliente y en nuevos modos de crear productos jurídicos que solucionen sus necesidades incluso antes de que lo pidan.

Hoy las excusas se han terminado y la transformación es una exigencia del mercado:

  1. Por un lado, la pandemia nos puso a todos en un escenario en el que no hubo opción: debimos adoptar la tecnología para comunicarnos con clientes y nuestros equipos de un modo que jamás imaginamos que podríamos hacer.El confinamiento vivido dejó en evidencia a los reacios al cambio y los despachos con culturas más dinámicas lo aprovecharon para revisar y mejorar los procesos internos, incentivar la eficiencia e investigar formas alternativas de hacer negocios que maximicen el valor para el cliente y la rentabilidad para los socios.

 

  1. Por otro lado, los asesorías jurídicas de las empresas ya son muy sofisticadas y segmentan los servicios que contratan diferenciando a los proveedores de asuntos singulares y complejos, de los del asesoramiento rutinario y los de volumen.Nuestros clientes ya se han transformado digitalmente. Experimentan como usuarios o profesionales las ventajas de la tecnología y no aceptan que los servicios jurídicos deban seguir produciéndose del mismo modo que hace 100 años.El mercado es cada vez más transparente y competitivo, en el que los clientes pueden elegir entre diferentes proveedores para cada tipo de servicio, conociendo hasta qué punto se pueden automatizar procesos y ya no aceptan pagar a humanos por un trabajo de robot.

 

Esto es una gran oportunidad y un reto.

Los despachos debemos analizar nuestra propuesta de valor sin prejuicios y creativamente identificar qué otras cosas podríamos hacer con una capa de tecnología para solventar y adelantarnos a las expectativas de los clientes para conseguir ser elegidos y mantenernos en su preferencia.

No debemos caer en la exageración: no vendrá un robot a reemplazarnos. Cuando hablamos de tecnología, no nos estamos refiriendo a inteligencia artificial.

La inteligencia artificial es como el sexo en la adolescencia. Todo el mundo habla de ello, nadie sabe realmente cómo se hace, pero todos piensan que otros lo están haciendo. Por eso, todos dicen que lo están haciendo.

Tampoco caigamos en la perspectiva fácil de la digitalización: hacer lo de siempre pero más rápido y barato con tecnología.

Para saltar al campo de juego de la transformación digital, los abogados debemos dejar de pensar como lo hemos hecho siempre y comenzar a diseñar nuestros negocios partiendo de las necesidades de los clientes.

Guiar la transformación de los despachos orientándonos a las necesidades de los clientes es un paso más en la evolución de la forma en la que la abogacía solía trabajar a la forma en la que trabajaremos en el futuro.

Y tú, ¿en qué fase te encuentras?

Este texto es parte del Dossier «Beneficios y retos de la transformación digital en el sector jurídico» en el que tuve el placer de colaborar junto con expertos en Legaltech, editado por Thomson Reuters Aranzadi, que puedes descargar completo haciendo clic en https://www.legaltoday.com/legaltech/novedades-legaltech/beneficios-y-retos-de-la-transformacion-digital-en-el-sector-juridico-2022-05-12/

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