¿Existen otros profesionales, además de los abogados, cuyo desempeño es seguido al milímetro por un número infinito de ránkings?

Asumo que no (y con ello corro el riesgo que una persona mejor informada me desmienta).

No pongo en tela de juicio la metodología, rigurosidad y prestigio de quienes dedican meses de trabajo para evaluar cientos de submissions o realizan entrevistas con los propios abogados o los clientes de estos. No es el tema de este artículo. Pero, ¿por qué hay tantas guías que se ocupan de ellos? y ¿por qué los abogados, y las firmas, son tan sensibles a sus resultados?

Pronto las dos más antiguas y conocidas guías anunciarán sus veredictos para América Latina y casi en simultáneo aparecerán, magnificado ello por el uso intensivo de las redes sociales, una avalancha de agradecimientos de los despachos y sus abogados por la posición obtenida. Un desfile, que pareciera que no tiene fin, animado por fanfarrias y fuegos artificiales arrancará puntualmente apenas lleguen los resultados tan esperados. ¿Es normal este, en ciertos casos, desesperado intento por llamar a atención? ¿No existe acaso una sola distinción que de manera unánime sea considerada como un referente en el sector?

Por ejemplo, los premios Nobel se entregan a físicos, químicos, médicos, escritores o economistas. ¿Algún abogado ha recibido un Nobel? Sí, más de uno. Barack Obama (exalumno de Harvard) recibió el Nobel de la Paz 2009; Nelson Mandela (exalumno de la Universidad del Witwatersrand) también fue galardonado con el mismo premio en 1993. Y Mijail Gorbachov, exalumno de la Universidad de Moscú, lo recibió en 1990. Aunque el galardón no ha sido ajeno a la profesión, no mereció una categoría exclusiva para ella.

Otras profesiones han sabido instituir distinciones que son equiparables, por el reconocimiento que han alcanzado, a los creados en su mayoría por el inventor de la dinamita (el de economía obedece, en 1968, a un deseo del Banco Central de Suecia).

Así, los premios Turing, considerados como los Nobel de la informática, son entregados por la Association for Computing Machinery, la mayor agrupación de estos profesionales. Este año los ganadores fueron los creadores de Toy Story. Patrick Hanrahan y Edwin Catmull obtuvieron el galardón por sus contribuciones a los gráficos computarizados en 3-D usados en películas y videojuegos. El 2019 fue otorgado a un grupo de investigadores en inteligencia artificial y redes neuronales.

El premio Pritzker es entregado por la Fundación Hyatt de Chicago. Es considerado mundialmente como el Nobel de la arquitectura. Este año lo recibieron las arquitectas irlandesas Yvonne Farrel y Shelley Mc Namara. Ellas han realizado trabajos para la Universidad Luigi Bocconi, la Escuela de Economía de Toulouse, la London School of Economics y la Bienal de Venezia. En Perú han diseñado el campus universitario de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC).

Por su parte, la medalla Fields, otorgada por la Unión Matemática Universal a matemáticos menores de 40 años, es el Nobel de esta ciencia. Existe también el Nobel ambiental: el Goldman Environmental Prize de la Fundación Goldman.

¿Es el derecho es una de las pocas profesiones que no ha logrado establecer un premio cuya importancia y magnitud sea tal que eleve a las personas que lo reciban a una categoría infinitamente superior respecto de sus colegas?

La Asociación Mundial de Juristas (World Jurist Association, WJA) entrega el World Peace & Liberty Award. Este año el premio lo recibió Ruth Bader Ginsburg, la segunda mujer en ocupar el cargo de magistrada en la Corte Suprema de los Estados Unidos. Fue un reconocimiento a su tenaz defensa de la igualdad de género y de los derechos civiles. Más de un medio ligado a la profesión se ha referido a este premio, de una forma un tanto apresurada, como “el Nobel de derecho”. En sus inicios la WJA fue un apéndice de la American Bar Association (ABA) y actualmente es presidida por el español Javier Cremades.

Sería oportuno llevar a cabo una encuesta en alguna red social para saber cuántos abogados conocen de la existencia de este reconocimiento. ¿Interesará a quienes apuntan a figurar, no importa el lugar que sea, en las guías legales más tradicionales? Muy poco. Estas exaltan su participación en ámbitos eminentemente privados o públicos (en caso el abogado ejerza el patrocinio de un cliente ante, por ejemplo, un tribunal). Aparecer encabezando o teniendo una destacada posición en alguno de los rankings brinda una suerte de supremacía nada desdeñable tanto para satisfacer el ego (algo absolutamente normal) como para poder contar con una valiosa herramienta de marketing.

Propensos a aparecer en medios de comunicación opinando acerca de una extensa lista de temas (ello asegura una adecuada exposición ante los públicos que les interesan), los abogados tampoco pueden permitirse permanecer alejados del reconocimiento entre pares. La existencia de un buen número de publicaciones asegura una vasta repercusión para quienes, asumamos que por sus méritos, logran ocupar un lugar privilegiado en la mayoría de ellas, así como una presencia al menos modesta para los que pugnan por figurar en unas pocas.

¿Les interesará a los abogados recibir un Nobel?

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