Durante los meses de septiembre y octubre, ha sido interesante comprobar que numerosas conferencias, inicialmente con objetivos y geografías diferentes  – Tecnología (SouthSummit en Madrid), Educación (LearningLive en Londres) o en el sector Legal (Legal Management Forum  en Madrid), compartían un mismo desafío: la urgente necesidad de mejorar las competencias no legales de nuestros abogados (upskilling) en tecnologías y en competencias personales y sociales (soft skills).

Upskilling: Rethinking legal competencies

En un reciente estudio de IBM llamado “The enterprise guide to closing the skill gap” se dice que “las habilidades personales y sociales (soft skills) son uno de los tres principales factores que los CEOs consideran impactarán más a los negocios, justo después de la tecnología y los cambios en los mercados”. La formación y desarrollo de competencias personales en los profesionales tienen un claro impacto en el desempeño, la experiencia con el cliente y en el propio bienestar del profesional.

IBM también menciona el llamado coeficiente de adaptabilidad (Adaptability Quotient or AQ) que mide la habilidad de adaptación y recuperación en un contexto volátil, incierto, complejo, ambiguo (VUCA). En un contexto como el sector legal de cambio continuo, disponibilidad 24/7 y donde las demandas de nuestros clientes aumentan continuamente, necesitamos aprender cómo adaptarnos y cómo sobrevivir. Y esto, no nos lo han enseñado en la escuela, el instituto o la universidad. Algunas escuelas y universidades como IE han comenzado a darle importancia a estrategias para mejorar nuestra resiliencia. Pero todavía son una minoría.

Reconocidos estudios sobre el comportamiento del abogado (Dr. Larry Richard “Herding Cats: The Lawyer Personality Revealed), demuestran que debido al fuerte paradigma tradicional todavía muy presente del abogado como “perfeccionista, siempre bajo control, no emocional” así como por la educación y la propia práctica de la abogacía, donde es necesario evaluar, buscar el riesgo, los errores y cuestionar, los abogados han desarrollado su escepticismo por encima de la población media general. Siendo por el contrario su sociabilidad (iniciar relaciones nuevas) y su resiliencia mucho más bajas que la población general.

Resiliencia: Qué es, para qué me sirve como abogado y por dónde empiezo a mejorarla

Resiliencia es la habilidad que tenemos todos los seres vivos de adaptarnos a nuevas condiciones y situaciones. Y la capacidad de recuperarnos de un cambio o situación difícil.

¿En qué situaciones, después de un gran cambio, una pérdida, un error, has conseguido recuperarte e incluso aprender de esta situación y hacerte más fuerte?

Poder adaptarse o recuperarse lo antes posible de una situación difícil y salir fortalecido de ella es un súperpoder que podemos desarrollar y mejorar.

¿Cómo? La fuente de este súperpoder nos la da el autoconocimiento y la práctica diaria.

El autoconocimiento como primer paso para mejorar nuestra resiliencia

El autoconocimiento (self-awareness) es básico para cualquier proceso de mejora, y el que no mejora, tarde o temprano desaparece.

Es muy habitual encontrarse a cualquier nivel de la firma o de la empresa, a profesionales que no sabrían decirte cuáles son sus tres principales fortalezas y sus tres principales áreas de mejora.

Como profesional, necesitas saber qué te diferencia del resto de abogados:

  • ¿Por qué tú y no otro?
  • ¿Cómo añades tu valor en este proyecto?

Y añadir esta información a algo tan básico y diario como la forma de presentarte ante un cliente. De nuevo algo que, desafortunadamente, no se suele enseñar en la escuela o en las universidades.

Del mismo modo, puedes mejorar tu autoconocimiento, preguntándote sobre cuáles son las situaciones, lugares o personas que desencadenan (trigger) o provocan tus emociones negativas (enfado, frustración, ansiedad) o aquellas que te calman y te hacen feliz. Tener claro estas situaciones clave, pueden ser de gran valor para mejorar tu salud, la de tu equipo, tu rendimiento así como mejorar el impacto con el cliente.

Un ejemplo

Un ejemplo basado en casos reales: llevas varias tardes seguidas haciendo horas extras, estás bajo mucha presión, cuando un compañero entra en tu despacho para preguntarte algo.

Tu respuesta es: ” Ahora no puedo, ¿no lo ves?” o ” ¿Qué narices quieres ahora?” con tono agresivo.

Con suerte, o más a veces gracias a un feedback, uno se da cuenta de que esa reacción tiene muy mal impacto en el equipo –miedo, desconfianza – y también tiene impacto negativo en ti mismo – la tensión arterial se eleva, te alteras con más facilidad. Te gustaría reaccionar de otro modo.

El simple hecho de darte cuenta de que esa situación se repite habitualmente ya es el primer paso crucial para la mejora.

De ahí que un feedback efectivo (en el momento y lugar adecuados, con buena intención, específico y con ejemplos) puede ser el comienzo de un cambio positivo para cualquiera de nosotros. Porque ninguno de nosotros es perfecto. Todos tenemos áreas de mejora. Por mucho que intentemos esconderlo: se ve, se escucha y se siente.

Primer paso hecho: ser autoconsciente de nuestros comportamientos, darnos cuenta del impacto en nosotros, en otros, en la organización y querer mejorar ese impacto.

Segundo paso, mejorarlo. Para esto necesitamos algunas estrategias y disciplina para ponerlas en práctica. Ya que como establece la neurociencia, para bien y para mal:

Aquello que practicas se hace más fuerte.

(What you practice, grows stronger).

 

Poder adaptarse o recuperarse lo antes posible de un gran cambio o una situación difícil y salir fortalecido de ella es un superpoder que los abogados pueden desarrollar.

Aumentando su resiliencia, los abogados pueden optimizar su desempeño, mejorar la experiencia con el cliente y aumentar su propio bienestar.

A continuación, exponemos una estrategia muy poderosa, que puede ayudar a desarrollar nuestra resiliencia, siempre que hayamos cumplido con el primer paso: el autoconocimiento. Ser consciente de nuestro comportamiento y el impacto que este tiene en nosotros y/o en otros.

Estrategia de resiliencia para abogados: “Piensa que sientes lo que haces”

Experimentos neurológicos nos han ayudado a demostrar que lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos están interrelacionados. El cambio de una de las tres acciones tendrá un impacto directo en las otras dos. Si cambiamos “lo que pensamos” en una situación determinada o con una persona determinada, eso impactará en lo que sentimos y en cómo actuamos.

Del mismo modo, si cambiamos nuestra manera de actuar (nuestro comportamiento, posición corporal, expresión facial) esto tiene también impacto en nuestras emociones y en nuestros pensamientos. Este triángulo se basa en la psicología cognitivo conductual.

Volvamos al ejemplo real usado anteriormente y muy habitual:

Un exitoso abogado senior trabaja constantemente muchas horas y bajo mucha presión. Habitualmente cuando algún compañero entra en su despacho a preguntar algo, el abogado suele responder con tono agresivo y expresión de enfado.

Posiblemente gracias a varios feedback recibidos, se da cuenta y decide intentar cambiar ese hábito. ¿Cómo? Cambiando una de estas tres partes del triángulo:

  • Su forma de pensar: En vez de pensar “¿Pero no ven que estoy extremadamente ocupado?” – “Que pregunten/molesten a otro!”, puede comenzar a pensar “Si vienen a mí es porque saben que les puedo ayudar”,” Si respondo mal, no contarán conmigo en el futuro” ,”Quiero mejorar mi reacción en esta situación, esto es un reto”. Simplemente cambiando su forma de pensar, cambiará su forma de sentir y seguramente cambiará su comportamiento. Aunque sea mínimamente. Y eso modificará también el impacto en los demás.
  • Su forma de sentirse: en vez de sentir ira y estrés, sentir que el cambio de hábito es un reto, una oportunidad de mejora.
  • Modificando su comportamiento físico, su expresión facial o posición física: en vez de responder instintivamente, moviendo la cabeza rápidamente hacia la persona que entra con expresión de gran enfado, cambiar alguno de esos detalles. Por ejemplo, reaccionando con movimientos mucho más lentos y añadir tres respiraciones lentas y profundas, o contar hasta cinco, antes de dar una respuesta. Haciendo esto, seguramente relajará los músculos faciales (menos enfado) y ayudará a pensar en una respuesta más respetuosa y asertiva (“Ahora no me es posible. Ven esta tarde y lo hablamos”).

Las aplicaciones de este triángulo de interrelación entre pensamientos, emociones y comportamientos son ilimitadas.

Cuando recibimos un e-mail de una persona complicada, que nos pone en tensión solo con verlo llegar a la bandeja de entrada, en vez de pensar “Ya estamos otra vez”, ” Seguro que viene con más problemas”, podemos intenta cambiar nuestros pensamientos por “Sea lo que sea lo sabré solucionar”, “Otra oportunidad para mejorar la relación con esta persona”, “Vamos a ver con qué nos sorprende (sentimiento de humor) y qué puedo aprender esta vez de esta interacción con esta persona compleja (sentimiento de reto)”.

Como mencionamos al comienzo, esto requiere práctica diaria y requiere cierto nivel de esfuerzo.

Cualquiera que sea tu objetivo de mejora, la práctica diaria te dará la recompensa. Siendo la recompensa una mejor salud, mejores relaciones y mejor rendimiento.

Gracias al trabajo de muchos investigadores especializados en nuestro sector como Patrick Krill o Dr. Larry Richard, cada vez es más difícil negar la evidencia.

El sector legal necesita mejorar la formación continua de sus abogados en habilidades sociales y personales y revisar su forma de trabajar. Ni siquiera una maquina puede estar en continuo funcionamiento sin calentarse o estropearse. De igual modo los abogados necesitan recuperarse para mantener su salud (mental y física), la salud de sus equipos y fortalecer relaciones y rendimiento, reduciendo así el estrés, la ansiedad, la depresión y el abuso de sustancias.

Mejorar la resiliencia de los profesionales de nuestro sector, la capacidad de adaptarse y recuperarse de momentos difíciles, sería una combinación ganadora para todos. El abogado, la firma y los clientes.

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