Hace poco leía un post sobre el estado del mid-market legal en España. Enumeraba cuestiones como la entrada de firmas internacionales, la concentración de facturación, el cambio en las prioridades del talento joven, el rol estratégico de los directorios o el impacto de la inteligencia artificial.
Mi primera reacción fue:
¿No llevamos más de 10 años hablando exactamente de lo mismo?
Si uno lleva suficiente tiempo en el sector legal, esto no es tendencia. Es rutina. Porque esta conversación no es nueva. Es un refrito elegante de debates que ya se tenían en 2010, en 2015 y en 2020.
La entrada de firmas internacionales ha sido una tendencia desde hace años en el mercado legal español. Antes lo llamábamos globalización. «The legal world, like the rest of the world, is flat”, decía Larry Terry en 2011. “Los bufetes anglosajones ponen el ojo en España”, titulaba El País en 2019.
El cambio en las prioridades del talento joven es algo que venimos escuchando desde hace años. Al menos desde hace 10 años escuchamos los desafíos de los millennials en las firmas de abogados; y hoy muchos de esos millennials son socios y ya tenemos a los centennials -la llamada generación Z- en las firmas.
La digitalización marcó la agenda del discurso hace cosa de 10 años y la “agenda” de la innovación se tomó la discusión en los días del COVID-19.
Ahora es la inteligencia artificial.
Pero el patrón es idéntico. Se detecta el cambio, se conceptualiza muy bien, se discute intensamente, y luego, no pasa gran cosa. O, dicho de otra manera, pasa lo justo para que todo siga igual.
La abogacía sigue operando con estructuras diseñadas para otro contexto; se sigue midiendo el valor en horas y se continúa promocionando con criterios que penalizan el cambio real.
El sector legal se ha vuelto extraordinariamente bueno en convertir cualquier disrupción en narrativa inofensiva. La innovación no incomoda, la tecnología no desintermedia y la IA no redefine el modelo.
En cambio, se integra, se absorbe y se termina domesticando.
Y así, una y otra vez. Y seguimos organizando mesas de conversación donde la charla se queda en lo mismo de siempre.
Mientras tanto, las preguntas que realmente importan apenas aparecen en estos foros:
- ¿Qué parte del trabajo legal debería dejar de hacerse dentro de una firma?
- ¿Qué pasaría si el modelo por horas desapareciera de verdad?
- ¿Cómo sería una firma diseñada hoy desde cero?
- ¿Qué ingresos estarías dispuesto a perder para construir el modelo de dentro de 10 años?
Porque esas preguntas, más que estratégicas, son existenciales. Por eso las conversaciones tienden a quedarse donde mismo. No es falta de información, talento ni tecnología. Es falta de voluntad para incomodarse de verdad.
Mientras el modelo siga siendo rentable, el cambio será cosmético, y mientras el cambio sea cosmético, el discurso será sofisticado, haciendo creer que el sector evoluciona.
Pero no lo hace. La inteligencia artificial no va a cambiar esto por sí sola. Como tampoco lo hicieron las crisis económicas, la aparición de los Axiom Law ni la digitalización.
El cambio no viene de la tecnología, viene de decisiones que hoy nadie quiere tomar.
Y hasta que eso ocurra, dentro de diez años seguiremos teniendo esta conversación: más pulida, más estratégica, con nuevos conceptos, pero igual de irrelevante.

Rafael es el responsable de Mirada 360 en América Latina, donde colabora con las firmas de abogados en estrategia, modelo de negocio y posicionamiento competitivo. El trabajo académico, como profesor e investigador durante más de 15 años, y su formación en derecho y en economía, lo llevó a interesarse por estudiar el mercado legal.