Durante los últimos años, la profesión legal ha mirado el avance de la inteligencia artificial (IA) con una mezcla de curiosidad, escepticismo y cierta comodidad defensiva. Hoy, esa etapa terminó. A fines de 2026, la pregunta ya no será si la IA impactó a la profesión legal, sino qué parte de la profesión logró adaptarse a tiempo.
No estamos frente a una simple mejora tecnológica, como lo fue la llegada de la máquina de escribir o más tarde la internet. Estamos frente a un cambio de modelo productivo del trabajo legal. La IA no es una herramienta más: es una nueva infraestructura cognitiva.
La mayor transformación se ha producido —y seguirá profundizándose— en la automatización del trabajo legal repetitivo, es decir, en la redacción de contratos, informes legales, minutas, primeros borradores, due diligencee investigación jurídica.
A fines de 2026, este trabajo estará mayoritariamente delegado a sistemas de IA especializados, integrados directamente en los flujos de operación de firmas legales, empresas y tribunales.
Esto tiene una consecuencia brutal, pero ineludible (por fin):
El modelo de negocio basado en horas facturables está estructuralmente muerto.
No por razones ideológicas, sino económicas. Cuando el costo marginal de producir un documento legal se acerca a cero, la hora del abogado deja de ser una unidad de valor sostenible.
El modelo tradicional de las firmas de abogados, es decir, la pirámide propia del Modelo Cravath con socios, asociados senior, junior y procuradores, fue diseñado para un mundo de producción manual del Derecho. En 2026, ese mundo ya no existe.
La IA reemplazará principalmente el trabajo de los asociados junior, la revisión masiva de documentos y antecedentes, la preparación de borradores y la investigación jurídica, entre otras cuestiones. Como resultado, las firmas de abogados tenderán a equipos más pequeños, mayor seniority promedio, muchísima más productividad por abogado y mucha menos “escuela” para el junior.
En Chile existen hoy aproximadamente 75.000 abogados, de los cuales 60.000 están activos y trabajando como tal. En Latinoamérica, la cifra supera los 2,5 millones de abogados. Probablemente es una de las regiones con mayor densidad de profesionales legales por habitante del mundo.
Ese solo dato hace que el impacto de la IA sobre la profesión legal en la región no sea un fenómeno marginal, sino un reordenamiento estructural del mercado de servicios jurídicos.
A fines de 2026, la pregunta no será si la IA transformó el mercado legal en Chile y Latinoamérica, sino cuántos abogados quedaron fuera del nuevo sistema productivo.
En Chile, cada año egresan entre 3.500 y 4.000 nuevos abogados. En países como México, Brasil, Colombia o Perú, las cifras son aún más altas.
Sin embargo, el sistema de absorción laboral fue diseñado para un mundo donde el abogado junior era la principal fuerza productiva, el aprendizaje se hacía repitiendo tareas mecánicas y el crecimiento de la firma se sustentaba en ampliar la base de la pirámide. La IA rompe exactamente esa lógica.
Hacia 2026 se requerirán muchos menos abogados juniors por socio. Las firmas tenderán a equipos más pequeños, más senior y muchísimo más productivos.
Esto genera una tensión crítica:
Seguimos formando abogados para un mercado que ya no existe.
Nueva Segmentación del Mercado Legal
Hacia 2026, el mercado legal de élite comenzará a mostrar una nueva segmentación, donde se distinguirán firmas IA, firmas híbridas y firmas analógicas.
Las firmas IA serán aquellas en que todos sus procesos se diseñen sobre IA. Serán firmas rápidas, rentables y flexibles. Cobrarán menos por lo operativo y más por lo estratégico. Es decir, un modelo de alta rentabilidad por socio. Todavía serán una minoría en el mercado legal, pero de alto impacto.
Las firmas híbridas, por su parte, serán aquellas que usen la IA como apoyo, pero mantendrán estructuras tradicionales. Sobrevivirán, pero con una presión constante sobre precios y márgenes. Aquí estará la gran masa de firmas de abogados, es decir, firmas medianas y grandes que irán incorporando IA de forma parcial. Mantendrán el modelo de horas por un buen tiempo, pero con presión creciente sobre precios.
Por último, estarán las firmas analógicas, es decir, aquellas firmas reacias a la transformación; por cultura, miedo o desconocimiento. Estas firmas perderán talento joven, clientes sofisticados y terminarán fusionándose, achicándose o saliendo del mercado. Serán las más afectadas por la caída de honorarios, pérdida de clientes y plataformas legales automatizadas.
La nueva segmentación se verá así:
El abogado del futuro
En este nuevo ecosistema, el valor del abogado se desplaza desde la ejecución hacia el diseño de estructuras contractuales complejas, la gestión estratégica del conflicto, la arquitectura de riesgos, la negociación asistida por datos y la traducción entre derecho, negocio y tecnología.
El abogado del 2026 es menos un “productor de papeles” y más un arquitecto de soluciones jurídicas integrales. Quien no entienda esto quedará atrapado en un segmento de bajo valor, alta competencia y honorarios crecientemente comprimidos.
El “nuevo” cliente
El cliente 2026 será más informado, más impaciente y menos impresionable. El cliente ya no llega “en blanco”. Llega con un contrato generado por IA, un análisis legal preliminar, alternativas comparadas o simulaciones de riesgo. No buscará a quien le “explique la ley”; buscará a quien lo ayude a tomar decisiones bajo incertidumbre, le ahorre tiempo, le reduzca riesgo, le simplifique las trabas regulatorias. El abogado que impresione por complejidad pierde; el que genera claridad, gana.
Es cierto que la IA no eliminará a los abogados, pero sí eliminará a un tipo muy específico de abogado: aquel cuya única propuesta de valor es saber hacer lo que ahora hace una máquina.
El riesgo mayor no es tecnológico: es social y profesional. Latinoamérica combina tres factores explosivos:
- Masificación de la profesión legal y sobreoferta estructural de abogados.
- Alta sensibilidad al precio.
- Automatización acelerada.
Eso crea un escenario donde los ingresos disminuirán, habrá una mayor precarización del abogado independiente y un aumento de la desigualdad dentro de la propia profesión. Por un lado, tendremos a una élite hiperproductiva y, por otro, una masa de profesionales con dificultades crecientes.
Este es un desafío no solo para las firmas de abogados, sino también para las facultades de derecho, los colegios profesionales y las políticas públicas de educación superior.
¿Qué áreas del Derecho se verán más afectadas?
La IA no impactará por igual a todas las áreas del Derecho. Destruye principalmente aquellas donde el valor estaba en la repetición, y multiplica el valor en aquellas donde el valor está en la decisión estratégica.
Así:
- Corporativo / M&A / Startups. Se destruye valor en la operación, pero se multiplica en la estrategia. El socio bueno vale más que antes.
- Contratos estándar (civil, comercial, consumo). Aquí desaparece una masa laboral completa de abogados generalistas.
- Derecho Laboral. El área laboral se polariza: operación barata, conflicto caro.
- Litigios Civiles y Comerciales. El litigante redactor muere. El litigante estratega se encarece.
- Litigios Penal. La IA apoya, pero no sustituye el rol central del litigante.
- Compliance. El compliance “de checklist” se commoditiza. El compliance de crisis se encarece. Lo que ayer fue un buen negocio para firmas y consultoras en compliance, mañana será de la IA.
- Tributario. Se destruye operación, pero no tan intensamente la planificación. El litigio tributario se vuelve más valioso.
- Inmobiliario. Gran parte del trabajo inmobiliario tradicional será absorbido por la IA.
- Regulación, Energía, Telecom, Libre Competencia. Esta es una de las áreas más protegidas y mejor pagadas del futuro.
- Familia. Aumenta la mediación, bajan los escritos estándar.
- Consumo y Masivo. Área completamente absorbida por la IA.
Algo así:
Conclusión
Entre 2023 y 2025, el salto estuvo marcado por LLMs generalistas (GPT-4, GPT-5, Claude, Gemini, etc.). Pero hacia 2026, lo que define el cambio es la aparición de sistemas multimodales y agentes autónomos capaces de interpretar documentos legales, ejecutar tareas encadenadas, tomar decisiones simples, interactuar con software empresarial y aprender procesos jurídicos específicos.
La IA deja de responder textos y empieza a operar procesos completos.
Hacia 2026, las grandes empresas de software —Microsoft, Google, SAP, Thomson Reuters, LexisNexis— habrán convertido la IA en capa base de todos sus productos, lo que se traducirá en que Word redacta y corrige con IA integrada; Outlook resume, clasifica y responde; los CRMs generan análisis legales de clientes; las plataformas legales sugieren estrategias; los ERPs generan reportes contractuales y laborales; y las suites judiciales incluirán IA para redacción de escritos y resoluciones.
La IA ya no es opcional: estará en cada flujo de trabajo.
Para los abogados, esto significa que incluso sin buscarlo, trabajarán “copilotados” por IA.
Hacia 2026, la IA habrá dejado de ser una herramienta para convertirse en infraestructura. La combinación de agentes autónomos, multimodalidad avanzada, integración nativa en todas las plataformas de trabajo y regulación acelerada hará que las organizaciones —públicas y privadas— funcionen sobre una capa permanente de IA. En ese contexto, el mercado legal y la profesión legal no se transforman porque quieran transformarse: se transforman porque todo su entorno operativo, económico y tecnológico cambia simultáneamente.
Como leí ayer a Horacio M LYNCH, abogado argentino con cinco décadas de ejercicio profesional y un referente en el mejoramiento de la administración de justicia en la Argentina y América Latina:
La abogacía se encuentra jaqueada. Si la información y el «libreto» legal están disponibles para cualquier persona con una mente preparada para la lógica y la solución de problemas (como un ingeniero o un científico), el valor del abogado como dueño de la información y de la jurisprudencia desaparece.
Anticipo que el ejercicio de la profesión se volverá más exigente, y el campo de acción de la abogacía se reducirá drásticamente. Sobrevivirán los profesionales que logren una rápida y profunda adaptación, aunque esto no siempre garantice la supervivencia del más «capaz» en el sentido tradicional, sino del más adaptable y estratégico. El resultado será menos trabajo legal y un excedente de abogados anclados a un modelo obsoleto.

Rafael es el responsable de Mirada 360 en América Latina, donde colabora con las firmas de abogados en estrategia, modelo de negocio y posicionamiento competitivo. El trabajo académico, como profesor e investigador durante más de 15 años, y su formación en derecho y en economía, lo llevó a interesarse por estudiar el mercado legal.