Un cliente te ha dado su email. ¿Y ahora qué?

Conseguir que un potencial cliente se suscriba a la newsletter de un despacho suele considerarse una pequeña victoria. Ha dejado su email, ha entrado en la base de datos y, aparentemente, ya tenemos un nuevo contacto al que podemos enviar nuestros contenidos. Pero ahí empieza precisamente el verdadero trabajo.

Conseguir un email no significa conseguir un cliente. Significa conseguir una oportunidad para empezar una relación.

Esta diferencia es especialmente relevante en el sector jurídico. La contratación de servicios legales rara vez responde a una decisión impulsiva. Entre el momento en que una persona identifica un problema y aquel en que decide contactar con un despacho pueden pasar semanas o meses. Durante ese tiempo busca información, compara alternativas, consulta a otros profesionales o, simplemente, intenta entender qué necesita.

Por eso, la pregunta importante no es cuántos contactos tiene una firma en su base de datos, sino qué hace con ellos después de conseguirlos.

No todos los suscriptores están en el mismo momento

Uno de los errores más habituales consiste en enviar exactamente el mismo contenido a toda la base de datos. El problema es que detrás de una dirección de correo puede haber perfiles y necesidades muy diferentes.

No tiene el mismo interés un director jurídico de una empresa que un particular, un abogado que busca información profesional o una persona que está investigando un problema jurídico concreto. Tampoco se encuentra en la misma situación quien acaba de suscribirse que quien lleva meses interactuando con los contenidos del despacho.

No hace falta construir desde el primer día una segmentación hipercompleja. Se puede empezar por criterios sencillos: tipo de contacto, sector, área de interés, contenidos consultados o comportamiento. Saber qué contenidos abre una persona, qué enlaces pulsa o qué temas descarga puede aportar información útil sobre sus intereses.

La base de datos deja así de ser una colección de direcciones y empieza a convertirse en una fuente de conocimiento sobre la audiencia.

Y esa información permite algo fundamental: dejar de comunicar a todos de la misma manera.

El contenido no debería existir porque hay que enviar algo

Otro error es plantear el email desde la perspectiva del despacho: ¿qué tenemos esta semana para contar?

Así aparecen newsletters convertidas en escaparates de la propia firma: un evento, una publicación, un premio, una incorporación o una noticia corporativa. Ese contenido puede contribuir a construir reputación, pero no necesariamente responde a una necesidad de quien está al otro lado de la pantalla.

La pregunta debería ser diferente: ¿por qué le interesa esto a esta persona?

Un email puede explicar un cambio normativo, abordar un problema habitual, analizar una tendencia o aportar claves sobre una cuestión que afecta directamente a un determinado público. En servicios jurídicos, ese contenido puede hacer mucho más que informar. Puede contribuir a construir autoridad, confianza y recuerdo.

Eso no significa que cada comunicación tenga que terminar en una venta. De hecho, intentar vender demasiado pronto puede ser contraproducente. Cuando una persona todavía está intentando entender su problema, quizá no necesita que le ofrezcan un servicio. Necesita encontrar una respuesta útil.

Acompañar una decisión que todavía no se ha tomado

Aquí aparece una de las mayores oportunidades del email marketing para las firmas jurídicas.

El potencial cliente puede mostrar interés mucho antes de estar preparado para contratar. Puede descargar un contenido hoy y no necesitar un abogado hasta dentro de seis meses. Puede leer varios artículos sobre una materia, comparar despachos y seguir sin contactar con ninguno.

Durante ese periodo, el despacho puede desaparecer de su radar o puede seguir siendo relevante.

El email permite trabajar precisamente ese espacio intermedio. No se trata de perseguir al potencial cliente ni de enviarle mensajes comerciales constantemente. Se trata de mantener una relación útil para que, cuando llegue el momento de tomar una decisión, el despacho forme parte del conjunto de opciones que esa persona considera.

Es una cuestión de presencia, pero también de relevancia.

Muchas firmas trabajan intensamente la captación y dedican mucha menos atención a lo que sucede después. Consiguen el contacto, pero no construyen el recorrido que debería seguir a continuación.

Automatizar no significa enviar más

La automatización puede ayudar a resolver parte de este problema. Una persona que acaba de suscribirse puede recibir una secuencia de bienvenida que explique qué contenidos recibirá y por qué pueden resultarle útiles. Quien se descarga información sobre una determinada materia puede recibir posteriormente otros contenidos relacionados con ese interés.

También es posible diseñar recorridos diferentes en función del perfil o del comportamiento.

Pero automatizar sin estrategia solo permite enviar comunicaciones irrelevantes más rápido.

La estrategia debe estar definida antes. La automatización debería servir para ejecutarla a escala, no para sustituirla. Una buena automatización hace que el contenido sea más pertinente y que la relación con el usuario resulte más natural. No debería hacer que la comunicación parezca más masiva.

En definitiva, automatizar sirve para escalar una relación, no para sustituirla.

Presencia no es insistencia

Existe, además, una frontera que cualquier estrategia de email debe vigilar: la que separa la presencia de la saturación.

No se trata de ocupar espacio en la bandeja de entrada. Se trata de conseguir que el destinatario quiera seguir recibiendo nuestras comunicaciones. Para ello, la frecuencia importa, pero la relevancia importa todavía más.

Si todos los emails dicen lo mismo, si hablan exclusivamente del despacho o si no aportan nada que interese al destinatario, llegará un momento en que dejarán de prestar atención.

Por eso también es necesario medir. No basta con observar cuántas personas abren un email. Dependiendo del objetivo, habrá que analizar clics, visitas a contenidos, descargas, respuestas, solicitudes de contacto o registros a eventos.

Una campaña puede tener muchas aperturas y no generar ninguna acción relevante. Otra puede tener menos alcance y producir una oportunidad de calidad. La pregunta no debería ser únicamente «¿cuántas personas abrieron el email?», sino «¿qué conseguimos con esta comunicación?».

El valor no está en el tamaño de la base

Tener miles de contactos no equivale a tener una estrategia de email marketing.

Una base de datos adquiere valor cuando permite construir relaciones relevantes con personas que se encuentran en momentos diferentes de su proceso de decisión. El objetivo no es acumular direcciones, sino entender mejor a quienes están detrás de ellas y ofrecerles contenidos que tengan sentido para sus intereses y necesidades.

En el sector jurídico, donde muchas decisiones de contratación requieren tiempo, ese matiz es especialmente importante. El email puede ayudar a trabajar una parte del proceso que a menudo queda desatendida: el periodo entre el primer interés y la necesidad concreta de contratar.

La estrategia empieza después del email

Pensar en email marketing como sinónimo de «mandar newsletters» limita enormemente su potencial.

La suscripción es solo el punto de partida. A partir de ahí comienza la tarea de entender quién está al otro lado, qué necesita, qué contenidos le resultan relevantes y en qué momento del proceso de decisión se encuentra.

La cuestión, por tanto, no es cuántos contactos tenemos, sino qué estamos haciendo para que esa base tenga valor. Porque conseguir un email no significa haber conseguido un cliente. Significa haber obtenido algo mucho más pequeño, pero también mucho más útil: una oportunidad para seguir siendo relevantes.

Y cuando finalmente llegue el momento de tomar una decisión, esa relevancia puede marcar la diferencia entre ser un despacho más y estar entre los despachos que el potencial cliente considera.

Categorías

Suscríbete

Suscríbete a este debate
Notificarme cuando
0 Comments
Más valorado
Recientes Antiguos
Share This

Es necesaria la suscripción para ver este contenido

Únete a nuestra lista y recibirás acceso a todos nuestros webinars en abierto

¡Muchas gracias! No olvides confirmar tu solicitud a través del email que acabamos de enviarte e inclúyenos en tu libreta de direcciones para no perderte nuestros mensajes.

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar