Un procedimiento en curso, una investigación que acapara titulares, una macrocausa que salta de juzgado en juzgado… y, al otro lado del teléfono, un periodista que necesita una voz experta que ayude a explicar lo que está ocurriendo.

La escena es cada vez más habitual. Los medios necesitan apoyarse en profesionales que aporten criterio jurídico y, para el abogado, la oportunidad es evidente: visibilidad, posicionamiento y presencia en el debate público.

Sin embargo, no todo es tan sencillo.

Cuando una causa está abierta, intervenir en un reportaje no es una decisión neutra. No se trata únicamente de “salir en prensa”, sino de entender qué está en juego: reputación, coherencia profesional y, en muchos casos, los propios intereses del cliente.

Esto no significa que la respuesta deba ser siempre negativa. La relación entre abogados y periodistas es necesaria y beneficiosa cuando se gestiona con criterio. La clave no está en evitar la exposición, sino en saber cuándo —y cómo— asumirla.

Estas son algunas cuestiones que conviene valorar antes de aceptar una intervención.

1. ¿Voy a hablar del caso… o del problema jurídico?

Es el primer filtro.

Cuando un asunto está judicializado, valorar hechos concretos o estrategias es un terreno delicado. No solo por las implicaciones procesales, sino también porque detrás hay compañeros de profesión cuya actuación puede verse cuestionada.

El enfoque debe ser claro: no opinar sobre el caso, sino explicar las cuestiones jurídicas que plantea. Esto permite aportar valor sin asumir riesgos innecesarios.

2. ¿Qué me está pidiendo realmente el periodista?

Antes de aceptar, es imprescindible entender:

  • El enfoque del reportaje
  • El tipo de intervención
  • Si se trata de una entrevista individual o de un reportaje con varios expertos

No es lo mismo construir un mensaje propio que aportar una declaración puntual.

Además, hay un paso que muchas veces se pasa por alto: pedir orientación sobre los temas que se van a tratar. El periodista no está obligado a facilitar preguntas, pero plantearlo con naturalidad permite preparar mejor la intervención y evitar errores.

3. ¿Tiene sentido que sea yo quien participe?

No todas las oportunidades son para todos.

La visibilidad no justifica cualquier intervención. Conviene preguntarse si se domina la materia, si se puede aportar algo diferencial y si refuerza el posicionamiento profesional.

No participar, cuando no se puede aportar valor, también es una decisión estratégica.

4. ¿Qué impacto puede tener en mis clientes?

Participar en un reportaje sobre una causa abierta no es inocuo.

Puede generar interpretaciones, posicionamientos implícitos o asociaciones no deseadas. Pero, además, hay un aspecto clave que no puede pasarse por alto: la confidencialidad.

El abogado debe ser especialmente cuidadoso para no revelar —ni directa ni indirectamente— información que pueda afectar a los asuntos que gestiona o a la confianza depositada por sus clientes.

Antes de aceptar, conviene valorar:

  • Si la intervención puede interpretarse como una toma de posición
  • Si es coherente con los asuntos del despacho
  • Y si puede comprometer, aunque sea de forma indirecta, la confidencialidad

Porque la visibilidad nunca debe ir por delante de la confianza del cliente.

5. ¿Tengo tiempo para preparar la intervención?

La inmediatez de los medios puede llevar a aceptar sin preparación. Y ese es uno de los mayores errores.

No basta con conocer el tema. Es necesario ordenar ideas y definir qué se quiere transmitir.

Las prisas no pueden ser una excusa. Una declaración improvisada, mal enfocada o poco clara puede tener más impacto que el propio reportaje.

Por eso, incluso en intervenciones breves, es fundamental:

  • Definir una idea clara
  • Evitar valoraciones innecesarias
  • Redirigir la respuesta hacia el terreno técnico

Porque en comunicación jurídica no solo importa lo que se dice, sino lo que se sugiere.

La importancia de decidir con criterio

Ni todo es un “sí”, ni todo debe ser un “no”.

La presencia en medios forma parte de la abogacía, pero exige criterio. Cada intervención construye posicionamiento y afecta a la percepción que clientes y colegas tienen del profesional.

Por eso, más allá de la oportunidad, lo importante es la decisión.

Porque no se trata de estar.

Se trata de saber cuándo —y cómo— hacerlo.

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