Durante años, los movimientos laterales de socios fueron vistos como algo excepcional; ocurrían, pero no eran la norma.

La carrera típica de un socio consistía en entrar joven a una firma, ascender progresivamente, convertirse en socio y permanecer allí hasta el final de su vida profesional. Cambiarse de firma podía interpretarse como una señal de fracaso, conflicto o deslealtad. Hoy la situación es distinta.

En Estados Unidos, Europa y algunos mercados asiáticos, el movimiento lateral de socios se ha convertido en una característica estructural del mercado legal. Firmas completas han construido estrategias de crecimiento basadas en reclutar socios provenientes de competidores. Los head hunters especializados se han transformado en actores permanentes de la industria, y los socios más exitosos reciben ofertas de manera constante.

Latinoamérica todavía está algunos pasos atrás en este proceso, pero todo indica que seguirá el mismo camino. Y ya lo está haciendo.

No porque los abogados hayan cambiado, ni porque las nuevas generaciones sean menos leales o porque exista una supuesta crisis de compromiso profesional. La razón es mucho más simple: las reglas económicas del mercado legal están cambiando.

La vieja estabilidad

Durante gran parte del siglo XX, las firmas de abogados operaron en mercados relativamente estables. Los clientes tendían a mantener relaciones duraderas con un número reducido de firmas. La reputación estaba fuertemente asociada a la institución. El acceso a grandes empresas era limitado. La información circulaba lentamente y las oportunidades de movilidad eran escasas.

En ese contexto, la permanencia era una estrategia racional tanto para las firmas como para los socios. Las firmas invertían en desarrollar carreras de largo plazo, los socios obtenían estabilidad y los clientes rara vez cuestionaban el modelo. Era un equilibrio relativamente estable. Pero ese equilibrio comenzó a romperse.

El cliente se volvió más móvil

Uno de los cambios más importantes de las últimas décadas ha sido la transformación del cliente corporativo. Las gerencias legales son más sofisticadas: comparan proveedores, solicitan propuestas, fragmentan el trabajo entre distintas firmas, contratan boutiques especializadas, construyen paneles de firmas, exigen métricas y resultados.

La consecuencia es evidente. La relación entre cliente y firma es menos estable que hace veinte años, y cuando disminuye la estabilidad de la relación cliente-firma, también disminuye la estabilidad de la relación socio-firma. Porque una parte importante del valor económico del socio proviene precisamente de su capacidad para atraer y retener clientes.

La marca ya no pertenece completamente a la firma

Durante décadas, la reputación profesional estaba concentrada en las instituciones. Ser socio de una determinada firma era mucho más importante que la marca personal del abogado. Hoy ocurre algo distinto.

LinkedIn, los medios especializados, los rankings, los eventos y las redes profesionales han aumentado enormemente la visibilidad individual. Muchos abogados desarrollan audiencias propias: publican, participan en conferencias, construyen relaciones directas con clientes, y generan reconocimiento independiente de la plataforma donde trabajan.

La consecuencia es que una parte creciente del valor ya no pertenece exclusivamente a la firma, sino que al socio. Y cuando la reputación se vuelve portable, la movilidad aumenta.

El socio como unidad económica independiente

Muchas firmas siguen gestionando a sus socios como si fueran ejecutivos corporativos, pero en realidad funcionan más cerca de una pequeña empresa. Cada socio posee una combinación particular de activos: clientes, experiencia, reputación, relaciones, capacidad de originación y liderazgo de equipos.

Desde esta perspectiva, el socio no es simplemente un profesional que ocupa un cargo dentro de una organización, sino que es una unidad económica relativamente autónoma. Y cuando esa unidad económica percibe que puede generar más valor en otra plataforma, el incentivo para moverse aparece naturalmente.

No es un problema moral es una consecuencia económica.

El efecto de la profesionalización

Existe una paradoja interesante. Mientras más profesional se vuelve una firma, más probable es que aumenten los movimientos laterales.

La razón es sencilla. Las organizaciones modernas miden. Miden rentabilidad, productividad, originación, desempeño y crecimiento. Y cuando aparecen las métricas, aparecen las comparaciones.

Los socios comienzan a preguntarse, ¿estoy siendo compensado de manera competitiva? ¿Tengo acceso a los recursos adecuados? ¿Esta plataforma me permitirá crecer? ¿Existe una mejor alternativa?

Las preguntas que antes permanecían ocultas se vuelven visibles, y la movilidad aumenta.

El socio de 45 años

Probablemente el protagonista de esta historia no sea el socio senior de 65 años, ni el asociado de 30; es el socio de 45. Aún tiene veinte años o más de carrera por delante. Tiene clientes, experiencia y ambición. Pero también observa un entorno mucho más complejo que el que enfrentaron las generaciones anteriores.

Ve inteligencia artificial, presión sobre los honorarios, nuevas formas de prestación de servicios, competencia internacional y clientes más exigentes.

Entonces comienza a preguntarse si está en la plataforma adecuada para competir durante los próximos veinte años. Esa pregunta, por sí sola, genera movimientos.

¿Por qué Latinoamérica verá más cambios?

Porque muchos de los factores que históricamente limitaron la movilidad están desapareciendo. Los mercados se están integrando, las firmas internacionales están creciendo, las firmas españolas siguen expandiendo su presencia regional, los clientes operan cada vez más a nivel latinoamericano, los head hunters especializados son más activos, y las redes profesionales permiten identificar oportunidades que antes permanecían ocultas. En simple: moverse es más fácil, y los costos asociados al cambio son menores.

Por eso es razonable esperar que los movimientos laterales aumenten de manera significativa durante la próxima década.

El gran mercado de pases legal

Quizás la mejor analogía no provenga del mundo corporativo, sino del fútbol, ya que comenzamos a ponernos en modo mundialero.

Hace algunas décadas era común que un jugador desarrollara gran parte de su carrera en un mismo club. Hoy eso parece una excepción. No porque los jugadores sean menos comprometidos, ni exista una crisis de valores. Simplemente porque el mercado se volvió más sofisticado, más transparente y más competitivo.

El mercado legal está comenzando a recorrer el mismo camino. Los socios se están transformando en activos estratégicos que pueden moverse entre organizaciones, las firmas compiten por atraerlos, los clientes siguen a quienes generan valor, y las carreras profesionales se vuelven cada vez menos lineales.

Quizás el verdadero error sea seguir interpretando estos movimientos como episodios aislados. Lo que estamos observando es algo mucho más profundo.

Estamos viendo cómo el mercado legal abandona lentamente un modelo basado en la estabilidad institucional y se acerca a otro donde el talento, la reputación y las relaciones son crecientemente portables.

En ese mundo, los movimientos laterales no son una anomalía, sino que son la nueva normalidad.

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