La forma más común de organización empresarial para los abogados ha sido el partnership, cuyo correlato societario es típicamente una sociedad de personas, generalmente de responsabilidad limitada, o bien, una sociedad de capital, pero cuyo capital es más bien nominal y se usa la sociedad por acciones principalmente por sus ventajas en la administración y gestión.

Con todo, lo fundamental de un partnership es que sus miembros (socios) se deben mutuamente un deber fiduciario de máxima lealtad.

El éxito de un partnership depende de varios factores: (1) el reparto proporcional de los beneficios y las pérdidas; (2) la contribución proporcional al capital; (3) la propiedad conjunta y el interés en los activos por parte de todos los socios; (4) la intención de ser socios; y (5) que todos los socios tengan alguna voz en la gestión de la firma.

Por estos días hemos conocido el Pacto de Socios de Carey, la firma de abogados más grande de Chile, el que da cuenta de las bases de su modelo de partnership. En una industria que se caracteriza por la opacidad, conocer la forma como se organiza la firma, cómo se distribuyen las utilidades, la participación de los socios en el capital y en la toma de decisiones, es algo que nos permite hacer un análisis, comparar y tener una mejor idea del funcionamiento de la industria legal de elite chilena.

Más allá de las suspicacias de siempre en relación a Carey, porque la industria legal suele creer que los Carey Tagle lo manejan todo, el Pacto da cuenta de una estructura completamente igualitaria entre los socios, cosa que ninguna otra de las más importantes firmas del país podría exhibir. En efecto, muchas de las firmas chilenas que muestran con orgullo a sus socios en sus páginas web, esconden la verdadera realidad: muchos de esos socios no participan del capital (los llamados socios non-equity) y en muchos casos los fundadores se quedan con gran parte de las utilidades.

Incluso algunas firmas van mucho más allá y se muestran como las firmas con la mayor participación de mujeres en su partnership, pero a la hora de ver la distribución de las utilidades, su discurso igualitario pasa al olvido.

Veamos las principales características del Pacto de Socios de Carey.

Primero, el modelo de compensación de los socios es un clásico “lockstep modificado”. “Lockstep” en cuanto la remuneración de los socios (lo que Carey denomina “retiros mensuales programados”) se determina de acuerdo a su antigüedad, pero solo hasta el quinto año, ya que a partir de ahí todos ganan, en principio, lo mismo. Y “modificado” porque las utilidades o excedentes (lo que Carey denomina “utilidad distribuible”), se reparten de la siguiente manera: 25% distribuida por partes iguales entre los socios (salvo para los socios que no hubieren cumplido 3 años completos como tal, cuya proporción en ese 25% es menor), y el otro 75% se distribuye según una evaluación que hace el Presidente Ejecutivo en base a 13 criterios: (1) edad; (2) años de ejercicio profesional; (3) años en la firma; (4) aporte de clientes; (5) facturación propia y del grupo a cargo; (6) formación y supervisión de grupo de trabajo; (7) tiempo dedicado a colaborar con la administración de la firma; (8) labores de promoción de la firma; (9) ascendencia sobre los abogados de la firma; (10) prestigio en la comunidad; (11) características morales que contribuyan a mejorar la imagen de la firma; (12) actividades docentes y similares; y (13) no provocar alteraciones significativas de un año a otro en relación con la retribución final de cada socio.

Y para corregir eventuales distorsiones (típicas de modelos “eat what you kill”), el Pacto regula (sección 9.4.3) que, por ejemplo, si un socio dedica todo el esfuerzo únicamente en facturar, descuidando tareas administrativas, de entrenamiento de abogados o supervisión, y eso además afecta la armonía entre los socios, el Presidente Ejecutivo puede determinar que no le corresponda recibir nada por concepto del variable.

Si bien pareciera que el Presidente Ejecutivo tiene una alta discrecionalidad a la hora de distribuir las utilidades de la firma, su decisión está limitada por los criterios que le impone el Pacto y, además, debe haber sido elegido con el 80% de los votos de los socios, ya que de lo contrario la evaluación queda en manos del Comité Ejecutivo.

En segundo lugar, todos los socios ingresan al partnership en igual proporción sobre el capital. A diferencia de lo que sucede en otras firmas, en Carey no hay socios non-equity y todos los socios tienen la misma participación en la sociedad. Al ingresar a la sociedad lo hace comprando a valor nominal o “meramente simbólico” el porcentaje de derechos sociales que resulta de dividir 100 por el número total de socios. Así, hoy cada socio de Carey tiene un 2,27% aproximadamente de los derechos en la sociedad.

Pero, además, los socios al ingresar a la sociedad, se hacen dueños del inmueble donde funcionan sus oficinas y el Pacto regula la distribución de las utilidades que se pueden generar al momento de su venta, incluso cuando el socio se retira. Al dejar la firma, ya sea por retiro, exclusión o fallecimiento, los socios no reciben nada por concepto de compensación, jubilación, indemnización, honorarios devengados y no cobrados o por cualquier otra causa. Únicamente se regula una compensación en caso de retiro por incapacidad mental o física, y en caso de enfermedad que se le mantiene el sueldo hasta la edad de retiro de 70 años. Y si el socio fallece, el Pacto regula la contratación de un seguro de vida en favor de la firma, destinado a pagar la cesión de los derechos sociales y el saldo, descontados los impuestos, se paga a los herederos del socios fallecido.

Por último, las decisiones se toman en base al principio de “un socio, un voto”, regulándose el carácter secreto de la votación y los quórums necesarios para las distintas materias sometidas al conocimiento de la “Asamblea de Socios”. Por ejemplo, para decidir incorporar un nuevo socio se requiere el 75% de los votos (sección 6.1.3(b)(i)).

El Pacto regula también cuestiones como el cuidado de la marca, que los clientes son de la firma y no de los abogados, la ética y responsabilidad profesional, la administración, la incorporación de nuevos socios, el financiamiento en caso de déficit, las reglas para la compra, arrendamiento y enajenación de las oficinas, y la disolución de la firma, entre otras cuestiones.

En suma, se trata de un Pacto bien pensado, incluso anteponiéndose a los problemas sucesorios que podrían presentarse frente al fallecimiento de un socio. Establece bien los incentivos y regula los eventuales conflictos que naturalmente se puedan dar en una firma de abogados.

Es probable que la divulgación del Pacto de Socios de Carey esté haciendo pensar a muchos “socios” de otras firmas que, aunque seguramente lo saben, de “socios” tienen bien poco.

Se suele creer que el éxito de una firma de abogados está en la capacidad técnica y reputación de sus socios, en los clientes que logran atraer y en las horas que facturan mes a mes. Sin embargo, lo que nos muestra la historia de Carey es que el éxito es fruto de un buen diseño del partnership, al que le dedicaron largas horas de investigación y trabajo sus socios principales, Jorge y Jaime Carey Tagle. Este partnership, que hoy está escrito en su Pacto de Socios y que establece las bases del “Modelo Carey”, ha permitido construir una cultura de la firma, transformándose en un referente en la industria legal chilena.

Carey es la firma más grande de Chile, es reconocida año tras año como la mejor firma por los distintos directorios internacionales, por sus oficinas pasan las principales compañías nacionales y multinacionales, atrae a los mejores abogados y abogadas del país, y es una de las más antiguas, cuya historia se remonta a principios del siglo XX. Sin embargo, todo ello, me parece, no sería posible sin un buen modelo de partnership.

Hace algunos años, en una conferencia organizada por Lemontech, yo llamaba la atención respecto del desafío que enfrentarán muchas de las firmas chilenas cuando sus socios fundadores ya no estén. Tal vez, la respuesta a ese desafío se pueda encontrar en el “Modelo Carey”.

Rafael Mery, socio en Mirada 360

Este artículo ha sido publicado originalmente en El Mercurio

 

0
¡escribe tu opinión!x
Share This

Es necesaria la suscripción para ver este contenido

Únete a nuestra lista y recibirás acceso a todos nuestros webinars en abierto

¡Muchas gracias! No olvides confirmar tu solicitud a través del email que acabamos de enviarte e inclúyenos en tu libreta de direcciones para no perderte nuestros mensajes.

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar